Bajo corriendo las escaleras gigantes, esas con lucecitas azules, intentando agarrar con fuerza el vestido para no partirme los dientes. Solo hay un espejo en escena, y me pongo a hablar como loca de naranjas y John Lennon. Cuando se me acaba el discurso improvisado, me arranco con uñas negras el vestido de novia. Así, sin más.
Se que Evaristo esconde una lágrima, y yo le devuelvo la sonrisa. Hoy no toca juzgar a nadie.
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sábado, 15 de octubre de 2011
sábado, 29 de agosto de 2009
Sin respuestas
Esta noche tenía la necesidad de sentirme sucia. No me he levantado de la arena de la playa hasta acabar tres litros y un paquete de tabaco. He buscado los culos de los vasos y me los he fundido de un tirón, como los que buscan a la prostituta de la esquina deseando ser los primeros porque el primer polvo de la noche del viernes siempre es gratis. Y como aquel que busca respuestas un domingo por la mañana he ahogato la última colilla de al menos 20 metros a la redonda. Aún tengo la sensación de seguir limpia. Ni si quiera una minúscula mota de mugre se esconde dentro de mí. He extendido los brazos y he comenzado a girar hasta besar los dientes con el suelo, y con la misma inercia, y sacado un permanente del bolsillo y he dejado escrito en el suelo "no merece la pena". Salí a correr como a quien le persigue un león furioso y de vez en cuando volvía la cabeza por si en realidad me perseguía alguien, pero solo estaba yo en la calle. Nadie. Como recurso desesperado me metí en la ducha de la playa y me revolqué entre la arena deseando verme cubierta de barro, queriendo ser tierra. Pero mientras más pringosa me encontraba más limpia me sentía. Y como a cualquier borracho que recuerda el pasado, no me preguntes por qué, se me vino a la mente Rachel Corrie y me arranqué a llorar mientras gritaba, mientras me gritaba : ¿Qué hago aquí?
pongamos que hablo de...
pensamientos sucios limpian la mente
martes, 4 de agosto de 2009
así
Mientras un calor insaciable invade mi cuerpo, tengo la sesación de haber perdido por completo la noción del tiempo. No parpadeo, pues mi mirada se ha nublado hasta el punto de creerlo todo color grisáceo. Y mi corazón...esos malditos latidos se han dado cuenta que el acelerase por segundos hacen que me vuelva completamente loca.
Arrastrándome por el suelo de mi habitación vacio todos los bolsos que tengo a mano hasta que encuentro un abanico que no paro de sacudir con la mano derecha intentando inhalar con ello las últimas caladas de aire freco. Mientras con la otra mano estrujo lentamente, desde el mentón hasta la frente, el lado izquierdo de mi cara intentando apartar de mí hasta la última gota de sudor aparente.
Tirada en el suelo, con la columna apoyada en la pata de mi cama y la cabeza inclunada hacia el suelo, por la fuerza de la gravedad sumada a la desgana que envuelve mi cuerpo, así paso el día, así es como espero que se acabe el día.
Arrastrándome por el suelo de mi habitación vacio todos los bolsos que tengo a mano hasta que encuentro un abanico que no paro de sacudir con la mano derecha intentando inhalar con ello las últimas caladas de aire freco. Mientras con la otra mano estrujo lentamente, desde el mentón hasta la frente, el lado izquierdo de mi cara intentando apartar de mí hasta la última gota de sudor aparente.
Tirada en el suelo, con la columna apoyada en la pata de mi cama y la cabeza inclunada hacia el suelo, por la fuerza de la gravedad sumada a la desgana que envuelve mi cuerpo, así paso el día, así es como espero que se acabe el día.
pongamos que hablo de...
pensamientos sucios limpian la mente
lunes, 27 de julio de 2009
no esquivo
No voy a negártelo, no voy a negar que me encantaba cuando tu mirada repasaba una a una cada costura de mi camiseta, pudiendo desabrochar el sujetador de un sólo vistazo. No voy a esconder la verdad y decir que odiaba la manera en la que me arrancabas la falda de una simple mordida de labios, porque no es cierto. Tampoco voy a oponerme a la manera en la que, de un sólo suspiro, hacías que saltaran chispas entres los dos y el resto nos envidiara por hacer el amor a distancia, sin la necesidad de rozarnos.
No pienso refutar nada, porque no podemos rechazar el deseo.
Sólo voy a ocultarlo, que te quiero,
sólo hasta el día que me lo digas, que me quieres.
No pienso refutar nada, porque no podemos rechazar el deseo.
Sólo voy a ocultarlo, que te quiero,
sólo hasta el día que me lo digas, que me quieres.
pongamos que hablo de...
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