No quiero mirarte, pero me miras. Dejarse llevar ya no es tan fácil. Dejarse vivir es complicado. Cuando duele. Cuando dueles. Cuando no cargas tu mochila y tu único acompañante es tu pasaporte.
No puedo mirarte, pero te miro. Sentimos en nuestra frente cual será la próxima vez, ésa en la que nuestros pies sean los que manden y nosotros, meros espectadores, dejaremos que Ellos hagan su trabajo.
Buscamos excusas para rozarnos, y nos convertimos en
paganos de la noche entre el gentio, las luces y el alborozo de un día
festivo. Buscamos motivos para que no termine el día. Buscamos que no se acabe.
Me aprietas la mano con fuerza para que pierda el miedo. Pero no estás. Esta noche no estabas. Y aún ausente me repetías una y otra vez "confía en mí".
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martes, 2 de octubre de 2012
martes, 20 de septiembre de 2011
Now that I see you...
Ella no andaba lejos, nos observaba,
y la sala, loca por ser testigo nuestra,
nos regalaba ambrosía de penumbra
en forma de instantes insatisfechos.
Pero no nos importó para catarnos,
con tus yemas mis dedos,
con mis ojos tu boca,
con mis sueños, tus sueños.
Hacía tiempo que no dormias conmigo
amaneciendo allí, cerca de mi ombligo.
Susurrándome nuevas teorías absurdas
para perderte en mi oreja.
y la sala, loca por ser testigo nuestra,
nos regalaba ambrosía de penumbra
en forma de instantes insatisfechos.
Pero no nos importó para catarnos,
con tus yemas mis dedos,
con mis ojos tu boca,
con mis sueños, tus sueños.
Hacía tiempo que no dormias conmigo
amaneciendo allí, cerca de mi ombligo.
Susurrándome nuevas teorías absurdas
para perderte en mi oreja.
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
jueves, 11 de agosto de 2011
Calor
Ni flaqueas, ni miras ni sonrojas.
ni aspiras, ni ensucias ni enamoras.
Solamente quemas.
Soportamos tiendas asfixiantes,
almohadas carbonizadas,
ganas de nosotros.
Y en mitad del fuego, no ardemos
y en mitad de la noche
frío.
ni aspiras, ni ensucias ni enamoras.
Solamente quemas.
Soportamos tiendas asfixiantes,
almohadas carbonizadas,
ganas de nosotros.
Y en mitad del fuego, no ardemos
y en mitad de la noche
frío.
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
lunes, 8 de agosto de 2011
Verano
Tu sonrisa flaquea mis piernas
tu mirada, mi estómago.
Tu mano sonroja mis sábanas
tus dedos, mi pelo.
Aspírame cada centímetro
y arriésgate a ensuciarme luego.
Despeiname sin medida,
no pronuncies "te quiero".
Yo juego a enamorarme
tú te divertes buscando.
Aún no nos hemos rozado
y ya somos amor de verano.
tu mirada, mi estómago.
Tu mano sonroja mis sábanas
tus dedos, mi pelo.
Aspírame cada centímetro
y arriésgate a ensuciarme luego.
Despeiname sin medida,
no pronuncies "te quiero".
Yo juego a enamorarme
tú te divertes buscando.
Aún no nos hemos rozado
y ya somos amor de verano.
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
sábado, 5 de marzo de 2011
bus stop
No es que se me acaben los chicos fabulosos, es que hacía tiempo que no cogía el autobús. Esta vez no me llamó la atención su mirada, ni tampoco sus desconocidos gustos literarios. No me fijé en que se fijaba, ni imaginé que me miraba cuando yo me hacía la distraida, nada de eso.
Estaba en la parada, calada hasta los huesos por la tormenta que nos sorprendió la noche pasada por la ventana misteriosa, dando saltitos con la esperanza de que los calcetines mojados se separaran poco a poco de mis pies, pero resultó imposible. Cada cierto tiempo, cambiaba el ritmo de los saltos. Siempre al ritmo de la misma canción, aquella que Marwan no quiso cantarme anoche. Mirada al suelo, puesto que de lo contrario, mi nuevo baile podría verse trastornado.
Lo único que consiguió detener mi danza fue encontrarme con un par de zapatos. Un par de zapatos blancos que no habían logrado mojarse en todo el día. Desconozco el nombre del dueño, la carrera que supuestamente estudia y la talla de zapato que usa. No se donde vive. Ni siquiera se si tiene novia o si se ha fijado en mi. Pero nada de eso importa ya, perdí mi oportunidad.
Perdí la ocasión de preguntarle el secreto para mantener unos zapatos impecables tras un horrible día de lluvia...
Estaba en la parada, calada hasta los huesos por la tormenta que nos sorprendió la noche pasada por la ventana misteriosa, dando saltitos con la esperanza de que los calcetines mojados se separaran poco a poco de mis pies, pero resultó imposible. Cada cierto tiempo, cambiaba el ritmo de los saltos. Siempre al ritmo de la misma canción, aquella que Marwan no quiso cantarme anoche. Mirada al suelo, puesto que de lo contrario, mi nuevo baile podría verse trastornado.
Lo único que consiguió detener mi danza fue encontrarme con un par de zapatos. Un par de zapatos blancos que no habían logrado mojarse en todo el día. Desconozco el nombre del dueño, la carrera que supuestamente estudia y la talla de zapato que usa. No se donde vive. Ni siquiera se si tiene novia o si se ha fijado en mi. Pero nada de eso importa ya, perdí mi oportunidad.
Perdí la ocasión de preguntarle el secreto para mantener unos zapatos impecables tras un horrible día de lluvia...
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
domingo, 30 de enero de 2011
7 cafés
Ella entró como vendaval sin viento, legaña de sus mañanas olvidadas en el asiento que duerme junto a la ventana. Pidio su café y volvió al lugar de siempre. En varios días, y sin saberlo, había logrado crear una rutina que no podía saltarse. "Las rutinas son importantes, nos hacen predicciones automáticas de nuestros actos, nos evitan el estrés diario y el miedo a lo desconocido".
Él también había formado parte de su rutina, encontrarse cada día en el mismo lugar lo hizo invisible. Tanto es así, que hasta a los 7 cafés y novela, no sintió la necesidad de saber como se llamaba.
Y aunque tardó, ella se percató de su existencia. No por su necesidad innata de enamorarse cada día, sino porque hacía tiempo que no compartía un hábito tan especial. "Los detalles insignificantes marcan la diferencia".
Lo ideal sería que el chico de los ojos negros se preguntase lo mismo. Pero no es una novela, estamos en una cafetería, y esas cosas no pasan. Excepto cuando aquella loca, a eso de las 10:32, gritó que buscaba padre para su hijo... pero esa es otra historia que no vamos a contar.
Él también había formado parte de su rutina, encontrarse cada día en el mismo lugar lo hizo invisible. Tanto es así, que hasta a los 7 cafés y novela, no sintió la necesidad de saber como se llamaba.
Y aunque tardó, ella se percató de su existencia. No por su necesidad innata de enamorarse cada día, sino porque hacía tiempo que no compartía un hábito tan especial. "Los detalles insignificantes marcan la diferencia".
Lo ideal sería que el chico de los ojos negros se preguntase lo mismo. Pero no es una novela, estamos en una cafetería, y esas cosas no pasan. Excepto cuando aquella loca, a eso de las 10:32, gritó que buscaba padre para su hijo... pero esa es otra historia que no vamos a contar.
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
viernes, 28 de enero de 2011
Yerba II
Tenía hambre, y saber que no le daría tiempo a comer por la enorme ruta, la sacaba de sus baldosas. Después de los saltitos llegó la calma y, apoyada contra el cristal de la parada, dejó que su mirada se fundiese en la carretera buscando una salida a casa.
- Ella dice que lo intente sin ticket, que hay algunos conductores simpáticos y que seguro que no me lo tiene en cuenta.
Reaccionó al sentirlo tras de si. Había dejado a su diva hablando sola y, con su reservada mirada, buscaba palabras en los labios de ella. Labios hastiados, fatigados ... mal cosidos.
- Si, puedes probar. - Sóno algo cortante y seca. Y aunque a los pocos segundos se dio cuenta del látigo de su sentencia, no pidió perdon. Estaba demasiado cansada -.
-Si... - Pronunciaba él, mientras se refugiaba en las necedades de gafas-grandes e intentaba borrar los dos minutos anteriores, pero sin dejar de buscarla con la mirada.
Pasaron varios minutos. Sabía que él la observaba, pero eso no consiguió sacierle el hambre. Eran las 14:17 y el autobús venía con más retraso del habitual. Rebuscó en su mochila algo pasar callar su estómago, hallando en el bolsillo del pececito colgante, una barrita energética - de esas naturales que su tía aún no se ha enseñado a preparar en casa-.
Ella notaba unos ojos clavados en la nuca que no le permitían comer con demasiada gula. Desmenuzaba, con el índice y el pulgar, trocitos de aquella dulce ambrosía para llevársela a la boca sigilosamente. Calmó parte de su apetito y guardó el resto. Aún quedaba trayecto...
- Ella dice que lo intente sin ticket, que hay algunos conductores simpáticos y que seguro que no me lo tiene en cuenta.
Reaccionó al sentirlo tras de si. Había dejado a su diva hablando sola y, con su reservada mirada, buscaba palabras en los labios de ella. Labios hastiados, fatigados ... mal cosidos.
- Si, puedes probar. - Sóno algo cortante y seca. Y aunque a los pocos segundos se dio cuenta del látigo de su sentencia, no pidió perdon. Estaba demasiado cansada -.
-Si... - Pronunciaba él, mientras se refugiaba en las necedades de gafas-grandes e intentaba borrar los dos minutos anteriores, pero sin dejar de buscarla con la mirada.
Pasaron varios minutos. Sabía que él la observaba, pero eso no consiguió sacierle el hambre. Eran las 14:17 y el autobús venía con más retraso del habitual. Rebuscó en su mochila algo pasar callar su estómago, hallando en el bolsillo del pececito colgante, una barrita energética - de esas naturales que su tía aún no se ha enseñado a preparar en casa-.
Ella notaba unos ojos clavados en la nuca que no le permitían comer con demasiada gula. Desmenuzaba, con el índice y el pulgar, trocitos de aquella dulce ambrosía para llevársela a la boca sigilosamente. Calmó parte de su apetito y guardó el resto. Aún quedaba trayecto...
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
miércoles, 26 de enero de 2011
Un café
El mismo sitio, el de todas las mañanas a las 7:35. Nunca le falta un café en la mesa y un libro en la mano. No se si se coloca estratégicamente para no ver el reloj, o lo hace porque desde allí puede observar sin sobresaltos a todo el que entra por la puerta. El caso es que cada día esta allí, embutido por el frío en un chaquetón tan negro como su enigmática mirada.
Ella entra medio atolondrada por el tranqueteo heredado del autobús. Lanzó una sonrisa a la barra y el camarero, automáticamente, le preparó un "sombra " para no dislocar la monotonía.
Escogía la mesa de siempre, la más alejada de las corrientes de aire, y la silla, la que le permitía ver el reloj sólo con alzar la cabeza. Pero, incluso con el asiento premeditado, tenía la exclusividad de la impuntualidad. No le gustaba llegar tarde, pero Zafón conocía la clave para dejarla absorta entre páginas. En aquella cafetería, libre de espacio y tiempo, siempre tan polifacética según mandaba el minuturo del reloj que colgaba de la pared.
Y las agujas marcaban sueño para todos, chismorreos para algunas y trabajo para otros. Había un grupo que desayunaba con mahonesa y todo; y otro que, con repugnancia, se dejaba caer sobre la mesa. No se si por el madrugón o por la mahonesa.
Ajenos a todo, en sus sillas de siempre y con su café de todos los días, ellos sin saberlo compartían la soledad que faltaba en aquel lugar.
Ella entra medio atolondrada por el tranqueteo heredado del autobús. Lanzó una sonrisa a la barra y el camarero, automáticamente, le preparó un "sombra " para no dislocar la monotonía.
Escogía la mesa de siempre, la más alejada de las corrientes de aire, y la silla, la que le permitía ver el reloj sólo con alzar la cabeza. Pero, incluso con el asiento premeditado, tenía la exclusividad de la impuntualidad. No le gustaba llegar tarde, pero Zafón conocía la clave para dejarla absorta entre páginas. En aquella cafetería, libre de espacio y tiempo, siempre tan polifacética según mandaba el minuturo del reloj que colgaba de la pared.
Y las agujas marcaban sueño para todos, chismorreos para algunas y trabajo para otros. Había un grupo que desayunaba con mahonesa y todo; y otro que, con repugnancia, se dejaba caer sobre la mesa. No se si por el madrugón o por la mahonesa.
Ajenos a todo, en sus sillas de siempre y con su café de todos los días, ellos sin saberlo compartían la soledad que faltaba en aquel lugar.
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
lunes, 24 de enero de 2011
¿Por qué te echo de menos
si no tengo pruebas feacientes
de tu existencia ?
Crearé a mi chico,
único y fabuloso,
y romperé la maldición.
Tendrá una mancha de nacimiento, en forma de huella, justo en el omóplato izquierdo. Sus besos sabrán a menta y su ropa olerá a nenuco. Le susurrará a los caballos un idioma que solo ellos conocen, y su mirada podrá embrujar al mejor de los hinotizadores. La oreja derecha podrá moverla sólo con pensarlo, pero ocultará allí sus peores cosquillas. Nunca se le terminan los cuentos, tiene uno nuevo para cada noche y un remedio para el frío de mis pies.
Te seguiré inventando...
si no tengo pruebas feacientes
de tu existencia ?
Crearé a mi chico,
único y fabuloso,
y romperé la maldición.
Tendrá una mancha de nacimiento, en forma de huella, justo en el omóplato izquierdo. Sus besos sabrán a menta y su ropa olerá a nenuco. Le susurrará a los caballos un idioma que solo ellos conocen, y su mirada podrá embrujar al mejor de los hinotizadores. La oreja derecha podrá moverla sólo con pensarlo, pero ocultará allí sus peores cosquillas. Nunca se le terminan los cuentos, tiene uno nuevo para cada noche y un remedio para el frío de mis pies.
Te seguiré inventando...
pongamos que hablo de...
chico fabuloso
domingo, 23 de enero de 2011
Yerba I
- Disculpa, ¿sabes si puedo subir sólo con la tarjeta? - Se le acercó tímido.
- No se, siempre llevo el tiket por si acaso. - Contestó. Y regresó a sus saltitos habituales entre baldosas de colores para olvidar que, gracais a la de matemáticas, volvería a comer "como las gallinas".
- Es la primera vez que cojo este autobús. - Dijo mirando sus pies inquietos.
Paró los saltos, y se acercó a él obligada a contestar:
- Yo lo odio, siempre cojo el del centro.
- ¿Se puede coger con la tarjeta?
- Claro, y ade...
No pudo terminar la frase porque salida de la nada, una diva con gafas de sol - de esas que tapan toda la cara -, se interpuso en medio de la surrealista conversación. Hablaba rápido. Movía mucho las manos. Pero ella aprovechó para escapar, sin saber si la conversación podría haber resultado interesante o no.
- No se, siempre llevo el tiket por si acaso. - Contestó. Y regresó a sus saltitos habituales entre baldosas de colores para olvidar que, gracais a la de matemáticas, volvería a comer "como las gallinas".
- Es la primera vez que cojo este autobús. - Dijo mirando sus pies inquietos.
Paró los saltos, y se acercó a él obligada a contestar:
- Yo lo odio, siempre cojo el del centro.
- ¿Se puede coger con la tarjeta?
- Claro, y ade...
No pudo terminar la frase porque salida de la nada, una diva con gafas de sol - de esas que tapan toda la cara -, se interpuso en medio de la surrealista conversación. Hablaba rápido. Movía mucho las manos. Pero ella aprovechó para escapar, sin saber si la conversación podría haber resultado interesante o no.
pongamos que hablo de...
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