Ella está cansada, le cuesta trabajo hasta el respirar. Por fin llega el autobús, tan solo le quedan dos horas de camino para poder llegar a casa, dos horas que más tarde se convirtieron en tres.
Ella se acomoda en el último asiento, como siempre, y se aferra en su música pasando a toda velocidad aquellas canciones que le regalaban malos recuerdos. Ella pega su cabeza a la ventanilla y nota el incómodo run-run al rozar su frente con el crsital, pero hoy no le molesta.
En la fachada de un bloque, ella, pudo leer perfectamente "Te quiero princesita", escrito con spray negro y donde se observaba con claridad que no era producto de un experto, sino de alguien que quería pedirle perdon a una persona muy especial, o simplemente demostrarle de alguna manera lo que sentía. Ella odia los principes, las princesas y el fueron felices y comieron perdices, pero no pudo evitar que una lágrima se escapase de la prisión donde se encontraban todas encerradas, custodiadas por el dragón del orgullo y prisioneras de la bruja del reino oscuro de los sueños y los deseos.
Ahora, ella no puede quitarse de la cabeza fotogramas que se reflejan a gran velocidad por su subconsciente, fotogramas que le gritan algo que ella no quiere oir.
Y para qué seguir más...
Sólo decir que tras las tres horas, ella, llegó a casa deseando cantar, gritar y bailar al ritmo de lo primero que sonara en la radio, para olvidarse de todo y empezar la semana desde cero.
Ella puso la radio, pero escuchó esa canción...
Aunque encontramos medios que nos ofrecen reproducciones a la carta, a veces preferimos dejarnos llevar y es entonces cuando...
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