Quizás soy demasiado cabezota, o puede que sea una simple cuestión de fe. También puedo achacar las culpas a eso tan poderoso que no debe ser nombrado, los que lo conocen lo llaman "el secreto".
Pero si antes me aferraba al primer clavo ardiendo que me encontraba en mi camino, no entiendo porque ahora no quiero coger ese par de alerones envueltos en papel de regalo. Supongo que la causa es, que sé de antemano, que voy a acabar sangrando por culpa del lazo que sujeta el presente dicho. Y una vez más, prefiero echarle las culpas al miedo para no asumir mis propios actos.
La resaca comienza a ser eterna...
hoy no te entendí... :(
ResponderEliminarAguante mujer, que para todo hay esperanza.
ResponderEliminarSaludos cordiales.
H.
Regalo?? Dónde?? Mira que es chulo abrir regalos... Y de las sorpresas, ni hablamos...
ResponderEliminarAbrelo, valiente!
Yo tampoco te entendí... seguramente por tu resaca...
ResponderEliminarTodo se entiende mejor con un cuento... érase una vez...
ResponderEliminarsangrará mientras pueda, pero llegará un momento en el que la resaca ya no pueda durar más...
ResponderEliminarno?